Se cubría con aquel abrigo negro de lana, protegida del frío y de todo el exterior. Se sentía fuera de peligro, se sentía bien protegida por aquella sensación de calidez y fresco por la cara. Caminando por aquella carretera fantasma, cruzó a los campos que tenían un aspecto siniestro y desconocido por aquellos árboles tan altos que parecían rozar la Luna, empezó a sentirse acosada por el viento, golpeada, y su pálido color de cara, conseguía un color azulado.
Los latidos de su corazón iban a un ritmo acelerado, como si el gran Mozart estuviese tocando en su interior.
Ella, extrañada se preguntaba, que dónde acabaría este bosque, dónde estaba el último árbol que lograba besar al Cielo. Siguió su paso y poco a poco su corazón ya iba latiendo menos rápido, cada vez menos y menos cuando ya iba llegando al final.
Y ahí se encontraba, el último árbol acariciando las estrellas y allí estaba, el acantilado más bonito que había visto... Y al querer avanzar sintió un atropello en su pecho, miles de cristales rompiendo de manera descontrolada. Tenía curiosidad por ir campo a través por curiosidad, pero, la curiosidad acabó matándola.
El frío hizo quedarle sin aliento, y ella sin conciencia se tiró al vacío, osease, se lanzó saltando al acantilado sin saber que abajo estaba el mismo infierno que en su mente. Estaba muerta, aquel abrigo no era nada más que un simple recuerdo de los brazos de alguien que no conseguía recordar del todo.
viernes, 17 de octubre de 2014
Despues de 2 años y algo
Después de 2 años y algo..
Estábamos demasiado solos como para abandonarnos mutuamente, pero aun así, siento que estás aquí.Eramos demasiado pequeños pero decidistes crecer y convertirte en aquello que te asustaba tanto. Yo seguía ahí ¿no me veías?
Te empeñástes en que me odiarías, que parte de ti acabaría conmigo y no quería creerte pero, me matastes de manera lenta y dolorosa.
He oído que has hablado mal de mi, que has escupido mi nombre y que no te arrepientes de haberme dejado frente al caos en el que me metistes, sabía que eras cruel pero...no creí que lo fueras tanto.
Siempre he pensado que me querías, que yo era todas esas cosas que me decías y ahora resulta de que era la mala de tu película, la que estorbaba en tu historia de amor con la maldad, pensé que eramos de la parte buena.
Dos ángeles oscuros con una luz blanca, la luz que veía en ti como si me salvaras de toda oscuridad que acechaba y ahora me doy cuenta de que eres el principal traidor aliado con toda oscuridad y dolor para clavarme la estaca.
Has sido tan egoísta...A veces me pregunto cómo iría mi vida si aun estuvieses aquí y en verdad no puedo llegar a imaginármelo, solo se que nadie te va a cuidar como te he cuidado yo, ni soportar lo que he estado soportando.
Me sorprendo cuando siento que te odio, porque he llegado hacerlo y en cambio, te seguiría cogiendo de la mano para levantar tu débil cuerpo y tu poco corazón, esto no cambiaría que te sigo odiando con toda mi alma, con todo lo que dejástes en mí.. Tenía bonitos sentimientos por ti, créeme, ahora has estropeado todo, has hecho que lo único que piense de ti es que seas lo peor, y sabes, tu has sido lo mejor...como cambian las cosas.
Me matastes de manera lenta y dolorosa, lenta y dolorosa, lenta...y...dolorosa...
jueves, 16 de octubre de 2014
El Espantapájaros y las sensaciones
Otra vez de nuevo aquel olor familiar, aquel olor que da comienzo a un nuevo día gris. El cielo se cubría de dolor, nostalgia y de pensamientos destructivos.
Aun sabiendo que todo iba bien, el espantapájaros era así, así de idiota.
Podría darse el caso de que se alimentara de la melancolía y de la cara triste de una tarde susurrada por el viento. Podría darse el caso de que a veces el espantapájaros necesitara estar mal para darse cuenta de lo feliz que podía ser en grandes ocasiones, o también que, era tan feliz que echaba de menos esa sensación cuando solo suena el sonido de la lluvia y los campos se inundan, reflejado en la escasa llama de sus ojos cálidos que combatían con el frío invierno.
Aun sabiendo que todo iba bien, el espantapájaros era así, así de idiota.
Podría darse el caso de que se alimentara de la melancolía y de la cara triste de una tarde susurrada por el viento. Podría darse el caso de que a veces el espantapájaros necesitara estar mal para darse cuenta de lo feliz que podía ser en grandes ocasiones, o también que, era tan feliz que echaba de menos esa sensación cuando solo suena el sonido de la lluvia y los campos se inundan, reflejado en la escasa llama de sus ojos cálidos que combatían con el frío invierno.
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