jueves, 16 de octubre de 2014

El Espantapájaros y las sensaciones

Otra vez de nuevo aquel olor familiar, aquel olor que da comienzo a un nuevo día gris. El cielo se cubría de dolor, nostalgia y de pensamientos destructivos. 
Aun sabiendo que todo iba bien, el espantapájaros era así, así de idiota.
Podría darse el caso de que se alimentara de la melancolía y de la cara triste de una tarde susurrada por el viento. Podría darse el caso de que a veces el espantapájaros necesitara estar mal para darse cuenta de lo feliz que podía ser en grandes ocasiones, o también que, era tan feliz que echaba de menos esa sensación cuando solo suena el sonido de la lluvia y los campos se inundan, reflejado en la escasa llama de sus ojos cálidos que combatían con el frío invierno. 

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