El frío le caló hasta los huesos, no estaba furiosa, simplemente cansada. No le importó mojarse, solo quería besar el mal tiempo y abrazar el cielo. Tras varios días pensante y ausente en un precipicio, decidió mirar para abajo y una vez que miró se halló en su mente una voz siniestra y desconocida que le empezó a hablar.
-¿Tienes miedo? (dijo la voz en tono hueco)
-No, solo quiero seguir aquí arriba. (dijo ella, respondiendo con voz lagrimosa)
-Mientes, tienes miedo. Sabes perfectamente quién soy. (La voz insistía en seguir)
A la chica, se le cayó una lágrima reventándose al vacío nada más caer y dijo,
-...Ya me acuerdo de ti, no te esperaba tan pronto. No me has dejado disfrutar del todo, qué quieres de mí. Se que eres la oscuridad, ¡maldita soledad! ¿Fue ella quien te lo dijo?
- Eso importa poco ahora, muchacha. Necesitas ayuda, no tienes otra que ver como me quedo a tu lado. Si no llegase a tiempo, seguramente te hubieras precipitado nada más mirar para abajo, agradece cada vez que te he visitado, solo yo soy la muestra de que estás viva y sientes.
- Yo...yo no estoy viva (dijo la muchacha destrozada) Dime, quién está viva cuando apareces, ¿a caso tenerte es vivir? No eres más que la oscuridad atrapándome.
-¡No! ¡No! y ¡No! yo no te atrapo, tú te atrapas sola. ¿No te das cuenta que estoy dentro de ti? Lloras por dentro y te veo, te mueres por dentro y lo siento. La soledad no me ha avisado, eres tú quien me avisa. (Dijo la voz en tono furioso)
-Déjame
-Déjate, simplemente soy una voz que estás fabricando tú, niña.
Y la chica, miró con ira el cielo y pegó un chillo tan alto, que desafió a la misma Tormenta. El llanto, fue el mayor diluvio, pero, así no pudo inundar a la voz, ahogarla...matarla. Solo se mataba a ella misma por dentro y la Oscuridad solo hacía crecer. No era su culpa, no era culpa de nadie.
No hay comentarios:
Publicar un comentario